Salmos 46:8-10 (Guerras)


“Venid, ved las obras de Jehová, Que ha puesto asolamientos en la tierra. Que hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra. Que quiebra el arco, corta la lanza, Y quema los carros en el fuego. Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra”.
Salmos 46:8‭-‬10 RVR1960

http://bible.com/149/psa.46.8-10.RVR1960

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1Oh Jehová, tú me has examinado y conocido.
2Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme;
Has entendido desde lejos mis pensamientos.
3Has escudriñado mi andar y mi reposo,
Y todos mis caminos te son conocidos.
4Pues aún no está la palabra en mi lengua,
Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda.
5Detrás y delante me rodeaste,
Y sobre mí pusiste tu mano.
6Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí;
Alto es, no lo puedo comprender.
7¿A dónde me iré de tu Espíritu?
¿Y a dónde huiré de tu presencia?
8Si subiere a los cielos, allí estás tú;
Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.
9Si tomare las alas del alba
Y habitare en el extremo del mar,
10Aun allí me guiará tu mano,
Y me asirá tu diestra.
11Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán;
Aun la noche resplandecerá alrededor de mí.
12Aun las tinieblas no encubren de ti,
Y la noche resplandece como el día;
Lo mismo te son las tinieblas que la luz.
13Porque tú formaste mis entrañas;
Tú me hiciste en el vientre de mi madre.
14Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras;
Estoy maravillado,
Y mi alma lo sabe muy bien.
15No fue encubierto de ti mi cuerpo,
Bien que en oculto fui formado,
Y entretejido en lo más profundo de la tierra.
16Mi embrión vieron tus ojos,
Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas
Que fueron luego formadas,
Sin faltar una de ellas.
17¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos!
¡Cuán grande es la suma de ellos!
18Si los enumero, se multiplican más que la arena;
Despierto, y aún estoy contigo.

Siervo inútil/Talentos (S. Mateo 25:14‭-‬30/S.Lucas 17:7-10)

Parábola de los talentos
Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos. Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.

S. Mateo 25:14‭-‬30 RVR1960
http://bible.com/149/mat.25.14-30.RVR1960


El deber del siervo
¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa? ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú? ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no. Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.
S.Lucas 17:7-10 RVR1960

[Potencial dado. Hacer más, multiplicar, ganar para Él…]

Fotografía destacada por Menahem Kahana (AFP/Getty Images), obtenida de
How did Jesus’ early followers live? This Israeli excavation could provide clues, publicado en The Washington Post.

Atalanta I (mito)

«Atalanta», escultura de Pierre Lepautre, fotografía por Marie-Lan Nguyen (CC BY).

Extractos de Artemisa (Spanish edition), por Jean Shinoda Bolen:

Nacimiento y crianza

En el reino de Arcadia, el rey espera con impaciencia el nacimiento de su primer hijo. Cuando el bebé recién nacido resulta no ser el hijo y heredero que esperaba, desata su cólera sobre esa hija no deseada y ordena a un pastor que se la lleve a una montaña cercana y la deje morir de inanición o expuesta a cualquier animal salvaje. Atalanta empieza su vida sin ser deseada, siendo rechazada. Sin embargo, lo que iba a ser el final de su vida, de hecho se convierte en un comienzo inusual.

El pastor hace lo ordenado. Toma el bebé y lo deposita sobre unas rocas de la montaña. Atalanta llora; tiene hambre, está mojada y tiene frío. Sus lloros atraen a una madre osa que tiene la guarida cerca. Sea por curiosidad o sea por instinto maternal, la osa investiga y olisquea al bebé. Atalanta la agarra por el pelaje, y la cría humana y la madre osa establecen un vínculo. La madre osa se lleva al bebé a su guarida, le da de mamar y lo mantiene caliente. Se decía que fue la diosa Artemisa quien había enviado a la osa. Atalanta crece con varias series de cachorros hermanos. En otra versión del cuento, cuando puede caminar, es hallada por unos cazadores que la crían y la enseñan a cazar y a hablar.

Meleagro

Al mismo tiempo que nace Atalanta, en el vecino reino de Calidón otro rey espera con impaciencia el nacimiento de su primer hijo. ¡Es un chico!, se dicen con alegría. Le ponen el nombre de Meleagro y celebran su nacimiento con fiestas y agasajos. Poco después de que nazca Meleagro, una visitante inusual, Átropos, una de las tres moiras, va a visitar a la madre de Meleagr, Altea. Al calor de la hoguera que ilumina una estancia, la reina recibe a su invitada. Átropos se dirige a la chimenea y, situándose frente al hogar, señala un tronco que arde por uno de los extremos. «¿Ves esto?», le dice. «Mientras no lo consuma el fuego, ¡tu hijo vivirá!» La reina se levanta de un salto, agarra el tronco y apaga las llamas. Lo envuelve, lo encierra bajo llave en un cofre de latón y lo esconde guardándose el secreto. La vida (o la muerte) de Meleagro está ahora en manos de su madre.

Meleagro crece, destinado a ser rey, y es criado en los deberes del castillo y alentado a hallar una esposa adecuada, pero él prefiere estar en los bosques y en la naturaleza salvaje de Calidón. Meleagro no está interesado en las muchachas dulces, frívolas, femeninas y atontadas con las que nada tiene en común. «Búscame una chica que quiera salir conmigo al aire libre, que pueda ser mi compañera», dice a su madre.

Atalanta y Meleagro

«Atalanta y Meleagro con el Jabalí de Calidón», escultura por Francesco Mosca, llamado Il Moschino, conservada en el Museo de Arte Nelson-Atkins, Kansas City, Missouri, Estados Unidos. Fotografía por Daderot (Dominio público).

Un día en que Meleagro sale de caza oye el bramido de un oso: un trofeo valioso para él. Lo hiere con su arco y su flecha. El oso se dirige instintivamente a su guarida. Meleagro lo sigue con la intención de abatirlo. Meleagro llega al animal cuando ve una mujer que baja de la montaña en dirección a él. Es hermosa, como una criatura de la naturaleza: bronceada, con el pelo largo, piernas largas, llena de gracia y atlética: ¡su mujer soñada!

—Soy Meleagro —le dice—. He matado a este oso, ¡y a ti te daré su piel como trofeo!

—Yo soy Atalanta —le contesta ella—. La osa es mi madre, ¡y ahora seré yo quien te mate!

Atalanta se precipita hacia él con instinto asesino, pero Meleagro, embelesado, desprende amor en su mirada. El abrazo empieza queriendo matar ella a Meleagro, y él intentando impedírselo. Sin embargo, mientras forcejean, surgen en Atalanta nuevos sentimientos y una nueva curiosidad.

Sea como sea, Meleagro y Atalanta se convierten en pareja. Y pronto se vuelven famosos. Se les ve cazando juntos, y forman un bonito cuadro, espectacular, tanto de aspecto como en habilidades. La madre de Meleagro se enfurece cuando se entera de la relación. ¡Atalanta es del todo inapropiada para su hijo!

La caza del jabalí de Calidón

Relieve de un sarcófago romano de mármol hallado en Vicovaro, Italia, que representa la caza del jabalí de Calidón, conservada en el Palazzo dei Conservatori, en Roma. Fotografía por Marie-Lan Nguyen (Dominio público).

Mientras tanto, el rey tiene un gran problema entre manos: un jabalí enorme enviado por una diosa enojada para destruir su reino.

El jabalí es enorme. Con sus colmillos curvos y afilados y sus enormes pezuñas, arrasa los campos, destruye las cosechas y pisotea a los animales domésticos y a las personas que no consiguen apartarse de su camino. Destruye pueblos y amenaza al país entero.

El rey invita a los héroes de Grecia a ganarse los honores y una recompensa si lo cazan. Entre los que responden al desafío se encuentran muchos de los héroes que fueron con Jasón como argonautas y más tarde tomaron parte en la guerra de Troya. Los héroes se reúnen antes de la caza. Los últimos en llegar son Meleagro y Atalanta. El resto de los cazadores está escandalizado. A pesar de que es una cazadora famosa, ¿cómo se atreve una mujer a unirse a la partida?

Ninguno logra herir al animal siquiera, porque el pelaje del jabalí es inmune a las flechas y a las lanzas. Nadie vierte sangre, hasta que Atalanta se enfrenta al jabalí. El animal carga contra ella, con las pezuñas afiladas como navajas cubiertas de sangre y su considerable peso echándosele encima. El arco de Atalanta está tensado, la flecha preparada, el ojo apuntando fijo. El jabalí se le viene encima cuando, con certera puntería, lanza una flecha que se le clava en un ojo y le penetra en el cerebro. El animal se tambalea, pero no muere. Ahora le toca el turno a Meleagro, que desenvaina la espada y le da el golpe mortal.

¡El jabalí está muerto! El joven tiene derecho a cobrarse el pelaje, pero en lugar de reclamarlo para sí, se lo regala a Atalanta. Es un trofeo realmente importante, y entre los demás reina el resentimiento porque es una mujer quien lo ha conseguido. No es solo que es el símbolo de un gran logro heroico que traerá la fama a quien lo posea. Este pelaje puede convertirse en un traje flexible, caliente e inmune a las lanzas y las flechas. No existe armadura mejor.

Los tíos de Meleagro están enfurecidos porque creen que si él príncipe rechaza el premio, debería ser destinado a ellos, como parientes varones. Se enfrentan a Atalanta. Meleagro reacciona desenvainando la espada y cortándoles la cabeza.

La madre de Meleagro enloquece cuando se entera de que su hijo dio su trofeo a Atalanta y que mató a sus hermanos. Se dirige al lugar donde tenía escondido el cofre con el tronco que le dio Átropos y lo arroja a las llamas.

La muerte de Meleagro

Relieve en marfil, también llamado «La muerte de Meleagro», conservado en el Museo del Louvre. Fotografía por Marie-Lan Nguyen (CC BY).

Atalanta y Meleagro no regresan al castillo tras la caza. Permanecen juntos en el lugar que consideran su hogar, en la naturaleza salvaje de los bosques y las colinas. Están abrazados cuando, de repente, Meleagro profiere un grito terrible y, agarrándose el abdomen, lanza alaridos de dolor. Su torso se ennegrece como si se le hubiera quemado, su rostro se convierte en cenizas y muere.

Atalanta sufre. La naturaleza es su único consuelo. Llora y vagabundea durante semanas en el bosque y en los claros.

Y un día se da cuenta de que debe abandonar ese lugar que le recuerda a Meleagro y el tiempo que pasaron juntos. Tras su desaparición, no hay nada que la retenga allí, y nadie que le importe.

Así es como abandona Calidón y viaja a través de los bosques y de las colinas hacia Arcadia.